Blogs Psicología: Sarita Álvarez

Cuando el pánico me ataca…

En los últimos años escuchamos más frecuentemente a personas aquejándose de ataques de pánico, haciendo referencia a una sensación de ahogo sin posibilidad de escapatoria, con síntomas de taquicardia, nauseas, vomito, mareos, asfixia. Es decir con toda una gama de síntomas que los hace acudir a diversos médicos para descartar un padecimiento de índole físico.

Los ataques de pánico se pueden atribuir a fantasías, conflictos o afectos inconscientes, las personas que lo sufren suelen tener una cierta dificultad con los sentimientos de enojo hacia figuras cercanas como la materna y paterna algo así, como deseos de venganza, es obvio que estos deseos se viven con mucha angustia detonando mucha ansiedad. Es decir, que por situaciones vividas del pasado que generaron cierto malestar o trauma la persona lo dejó en el inconsciente para no sentir dolor, sufrimiento, de manera tal, que en el momento actual ante una situación vivida esto se enlaza con eso vivido y detona grados importantes de ansiedad. Generalmente las personas no están conscientes de la intensidad de esos deseos de venganza.

El pánico que se experimenta no corresponde a la magnitud del peligro, es decir, no tiene relación porque a veces son cosas muy insignificantes lo que los desencadenan, cosas que no justifican la explosión del miedo, lo cual lo hace poco entendible para el resto de las personas, porque la lógica no les permite comprender cómo algo tan banal les cause tanta controversia y malestar.

Los episodios suelen ocurrir de una manera espontánea, lo que decimos muy comúnmente de la nada, y lo que más genera angustia es la sensación de perder el control, quedando expuesto a no saber cómo manejar de manera racional una situación amenazante, viviéndola como una experiencia que lo lleva al límite. Dichas crisis suelen durar minutos u horas, suelen repetirse o ceden de golpe, y luego la persona empieza a experimentar los síntomas en su cuerpo entre ellas, las palpitaciones, dificultad para respirar, sudor, vértigo, llegando al punto de creer que van a sufrir alguna complicación mayor.

La incapacidad que les genera por ser episodios que aparecen de forma imprevista, hace que les imposibilite retomar su cotidianidad. Por lo que se instala la necesidad de evitar las situaciones en otras ocasiones les genera este malestar, por ejemplo, si se dio un episodio al manejar se tratará de evitar a toda costa tener que conducir, provocando limitantes en su independencia y calidad de vida.

La vivencia es aterradora para el sujeto, semejante a que uno se puede morir, esto nos permite comprender porque realmente lo sufren y les da tanta inestabilidad. La muerte esta imperante en el ataque de pánico, irrumpiendo como el horror de su propia muerte.

Si lo tratamos de ver claro el paciente que padece ataques de pánico, lo que necesita es ubicar en su historia de vida, la situación que desencadenó originariamente la manifestación de la ansiedad. Es la terapia la que ayuda al sujeto a desangustiarse, retomar ahí donde precisamente el sujeto queda sin defensa a disposición del desamparo de su ser. Claro nos encontramos en un mundo de presiones, donde muchas veces nuestro discurso que anulado por el trajín de la cotidianidad, es ahí donde la terapia le permite devolverle la palabra a esa sensación de tanta angustia para desde ahí comprender lo que me sucede y porque me sucede.

Por lo tanto, el ataque de pánico me refiere a que de una manera súbita necesitamos huir de aquello que nos causa temor que el resto no percibe. Y de ahí se hace sumamente fundamental apoyar a quien lo sufre, donde en la medida de lo posible debe mantener la calma y tranquilidad y hacer contacto con la realidad tocando paredes, el piso, es decir, traer a la realidad esa irrealidad sufrida. La persona que está al lado necesita brindarle seguridad y estabilidad con palabras de paz y acompañamiento y no te frustración o de regaño.

El tratamiento va de la mano con fármacos y terapia de manera que la persona quien sufre ataques de pánico pueda ir poco a poco recuperando la confianza y la seguridad en sí misma.

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“En el deseo está el disfrute de vivir”

Soy Sarita Álvarez, Psicóloga y colaboradora especial para EL PRECIO DE LA BELLEZA.
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