Psicología: Sarita Álvarez

Cuando mi sufrimiento es conmigo mismo…

Escuchamos constantemente sobre el tema de la depresión y a veces pensamos que no tiende a ser algo que la persona no pueda manejar o controlar por sí sola, o hasta el punto que puede ser ” drama” o exageración. Pero lo cierto de esto, es que de verdad la persona sufre experimentando un fuerte sentimiento de soledad, desinterés general que lo invaden. Además, suele sentir que no tiene nada interesante por decir, pero tampoco por escuchar, dando pie a la desvalorización de la palabra.

Uno de los aspectos importantemente afectados es la autoestima ya que la persona en depresión, necesita excesivamente la aprobación de los otros, se vuelve que no es nadie si los demás no lo aprueban o no lo reconocen, es decir, queda atrapado en un gran estado de dependencia y sumisión, temor al abandono por lo que muchas veces se ve involucrado en relaciones poco sanas con tal de no sentirse solo.

¿Pero nos preguntamos qué situaciones nos podrían hacer caer en una depresión?… y en la vida cotidiana existen muchos detonantes, entre ellos, un fracaso amoroso, pérdida de un trabajo, situaciones de cambio radicales, muerte de un ser querido, entre muchas otras que a veces parecen situaciones inofensivas o banales, pero para dicho sujeto son situaciones de mucha carga emocional que se hace imposible manejar y por lo cual la única salida que encuentra es sumergirse en una depresión.

 

Hay personas más propensas a deprimirse que otras, y en este punto se debe considerar situaciones vividas en nuestra infancia que quedaron olvidadas en el inconsciente pero que en su momento le resultó intolerable (nacimiento de un hermano, la pérdida de la mascota, divorcio de los padres, alguna enfermedad). Por lo que alguna situación vivida en la actualidad puede hacer referencia a la infancia mostrando así que es desde su propia infancia de donde vienen los conflictos y frustraciones no superadas implicando grandes heridas.

El deprimido tiende a experimentar una sensación de vacío, una vida sin sentido, pero aunque experimente este vacío siente que el cuerpo le pesa, viéndose impulsado a realizar comidas excesivas o compras compulsivas, para intentar saciarse de ese agujero que percibe consiguiendo así una satisfacción momentánea. Realmente la persona deprimida sufre y no tiene idea de cómo salir de esto, porque muchas veces piensa que se van a burlar de su padecimiento o no lo tomaran en serio, por lo que calla y busca aislarse de los otros porque también de esta manera no necesita dar explicaciones de sus actos y sus pensamientos.

El silencio del deprimido conlleva mucha incertidumbre para su entorno sea este familiar, laboral o social, porque suponen que algo le sucede pero no magnifican a qué nivel se encuentra el padecimiento o sufrimiento de la persona, y por tal motivo muchas veces se enteran cuando ya están con alguna enfermedad que aunque es evidenciada en su cuerpo no necesariamente es de origen físico sino emocional, pero que lo aqueja y genera dolor y malestar en la persona.

 

Es indispensable la búsqueda de ayuda profesional para poder dar contención al paciente, permitiéndole un espacio donde logre decir a través de sus palabras que lo hace sufrir, como lo hace sufrir, y como ha manejado ese sufrimiento. Muchas veces la búsqueda de ayuda la hacen su círculo familiar o social y es así como logran tener un espacio terapéutico que muchas veces va de la mano con la intervención psiquiátrica a través de fármacos que ayudan a mantener químicamente estable al paciente mientras se realiza la intervención psicológica.

El sufrimiento en cualquier nivel es doloroso y muchas veces nos acostumbramos a vivir así porque no sabemos por dónde empezar o por el simple temor de salirnos de nuestra zona de confort, aunque sea basada en sufrimiento pero que ya conocemos y manejamos. No hay porque acostumbrarse al sufrimiento hay que saber hasta cuando ya no debemos permitir y buscar ayuda.

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“En el deseo está el disfrute de vivir”

Soy Sarita Álvarez, Psicóloga y colaboradora especial para EL PRECIO DE LA BELLEZA.
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